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domingo, septiembre 14, 2014

PASIÓN EN SEVILLA: EL PARQUE MARÍA LUISA, CATEDRAL PARA TRES CUARTOS DE SIGLO DE LA PAZ

El Parque de María Luisa, Catedral para tres cuartos de siglo de La Paz

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Contraluz de la Virgen de la Paz, en la Plaza de América / J. J. ÚBEDA
Contraluz de la Virgen de la Paz, en la Plaza de América / J. J. ÚBEDA
Fue el escenario soñado que se vislumbra cada Domingo de Ramos cuando cruza por delante de la Plaza de España tanto a la ida a la Catedral como a la vuelta a su barrio del Porvenir. Soñado en una pequeña parte de este centenario parque que se convirtió ayer en Catedral para la Hermandad de la Paz, para su Virgen. Carrera Oficial al salir del barrio llena de frondosos árboles que parecían recibir a María Santísima de la Paz como cuando pasa por los palcos de la Plaza San Francisco.

Un parque hecho a la medida de una Virgen, de su palio. Nada sobraba. Nada faltaba. El verdor del escenario contrastaba con la blancura que irradiaba Ella, los nardosque la abrazaban y el sol que se colaba, como queriendo besarla, por ese techo de palio calado que es una joya de nuestra Semana Santa.


Y en la Plaza de América, delante del Pabellón Mudéjar que también soñó e hizo realidad Aníbal González, la Dolorosa inmaculada ocupó todo el espacio. Pabellón convertido en Catedral, en Seo maravillosa para conmemorar 75 años de una hermandad que ha crecido sobremanera y que ayer, no siendo Domingo de Ramos, convirtió este sábado 13 de septiembre en una prolongación de su estación de penitencia.


Inmejorable lugar para esta efeméride. Todo quedó cuadrado, perfecto. Y sin nada de estridencias. Adornos, los justos. El rojo de la alfombra se mezclaba con el verde de la magnífica y frondosa arboleda que jalona todo este excelso conjunto que es el parque por excelencia de los sevillanos.


Y junto al Parque de María Luisa, su casa. Su barrio. El Porvenir. Desde primeras horas de la mañana ansiando verla entre ellos, en sus calles, en sus rincones. Por eso no fue extraño que una hora antes de la salida, cuando el sol «castigaba» sobremanera, la calle Río de la Plata y los aledaños de la parroquia de San Sebastián comenzarán a llenarse de gente, de sus vecinos y de otros venidos de distintos puntos de la ciudad.


Calles engalanadas, colgaduras proclamando la grandeza de la Madre de Cristo. En el jardín de la parroquia —otro vergel—, decenas de hermanos costaleros haciéndose la ropa. De la Virgen y del Señor de la Victoria, que todos se metieron debajo del palio a lo largo de los distintos relevos a la ida y a la vuelta. Fotografías para el recuerdo. Calor sofocante. Sudores que aparecen y que quedan olvidados con la alegría de los momentos que se viven y los que quedaban por sentir.


Antonio Santiago que les habla a los suyos mientras Santiago Arenado, hermano mayor, recibe a las hermandades de la Paz de Andalucía, a las del Domingo de Ramos y a las de la collación. Estandartes que comienzan a formar los tramos mientras los hermanos toman el cirio. 350. Casi nada. ¿Habrá gente a la ida a la Plaza de América? La respuesta se hace esperar. Primero, porque los costaleros, antes de que se haga la primera llamada, regalan a la hermandad un rosario para la Virgen. Luego, porque llega el alcalde y el capataz decide que toque el martillo. Santiago no duda. Llama a Osuna y cuando éste le responde,pide por la Paz de todos los sevillanos, «los que creen y los que no».


Mantillas y calor

Hermanas de mantilla que relucen más cuando se abren las puertas del templo y dejan entrar el sol a la par que salir el inmenso olor a nardos que desprende el palio que porta a la Reina del Porvenir.

Y ya no hay dudas. Gente y más gente en Río de la Plata, que se emociona cuando la Virgen cruza el dintel y Álex Ortiz le canta desde un balcón. Y cuando suena «Virgen de la Paz» y le cuesta al palio abrirse paso.


El calor no es obstáculo. Por Brasil, ante los ancianos de la residencia «Santa Genma», donde estuvo ubicado el Colegio San Alberto Magno en el que tanto aprendimos los niños del barrio, los vecinos parecen llevarla a hombros.


Abría el escuadrón a caballo de la hermandad con su característicos toques de cornetas para enfilar por la Avenida de los Cisnes del parque, dejando a un lado la Torre Sur de la Plaza de España. Cuando la Virgen pasa por allí, como cuando está a la altura de la Glorieta de los Álvarez Quintero o en la falda de Monte Gurugú —donde no se cabía—, gente y más gente. Y gente que se quedó y que participó en la Misa Estacional. Ya a esa hora —siete y media de la tarde—_el sol se escondía entre los árboles y daba una tregua.


Y gente que se multiplicó cuando, ya de noche —casi una hora más tarde del horario previsto—, inició el cortejo, presidido por María Santísima de la Paz, el camino de regreso a casa. Aquí quedaban momentos igualmente emotivos, como pasar por encima de la alfombra de sal justo a la entrada de la verja del parque que da a Felipe II.


Antonio Santiago, capataz y costalero / ROCÍO RUZ
Antonio Santiago, capataz y costalero / ROCÍO RUZ
Cuando la blanca e inmaculada Virgen entró de nuevo en el barrio éste era un hervidero. Ya lo fue a la ida, con multitud de familias con niños. Y no iba a ser menos a la vuelta, cuando todo El Porvenir sabía que Ella se quedaría en sus calles el tiempo que hiciese falta. Ahí fue cuando esos 75 años de historia de esta cofradía cobraron su verdadera dimensión. 


Todo medido. Todo a la perfección. Y un parque, el de María Luisa, que hizo las veces de Catedral para que la Hermandad de la Paz llevase hasta allí su más preciado tesoro: María Santísima de la Paz, Reina del Porvenir. reina de toda Sevilla ayer.


Antonio Santiago, capataz y costalero

Fue uno de los momentos más emotivos de la jornada de ayer. Antonio Santiago, capataz de la cofradía del Domingo de Ramos, quiso también estar en las trabajaderas. Dicen que fue porque uno de sus hombres se había lesionado antes. Pero uno se imagina que tendría tantas ganas de llevar sobre sus hombres a la Reina del Porvenir que cualquier excusa era buena. Y tras mandar en la salida y que la Virgen cruzase el dintel, desapareció para cambiarse de ropa y, en el primer relevo, se metió debajo. También fue su hijo, que manda junto a él. Ernesto Sanguino, como siempre, lo bordó mientras tanto.

La Virgen entró a las cuatro de la mañana

Eran las 3.57 horas de la madrugada cuando la Virgen de la Paz hacía su entrada en la parroquia de San Sebastían, casi una hora y media más tarde de lo previsto, teniendo en cuenta el retraso que hubo en el inicio de la procesión tras la misa estacional en la Plaza de América. El discurrir por las calles del barrio del Porvenir tuvo momentos muy emotivos, como la visita a la joven y populosa parroquia de San Carlos Borromeo. Pero, sobre todo, el paso por las calles Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Virgen de la Paz. Fue en la calle que lleva su nombre donde todo se desbordó: sevillanas, lluvia de pétalos con los colores corporativos de la hermandad, banderolas y lemas a la Virgen, las colgaduras cedidas por la Amargura... Una vez ya en Río de la Plata, el palio se levantó a pulso a los sones de «Rocío» y, de nuevo, una lluvia de pétalos. Luego, sonó hasta por tres veces la marcha «Virgen de la Paz», mientras la Virgen daba la vuelta en el atrio de la parroquia e incluso salía de nuevo a la calle a modo de despedida. En torno a las cuatro de la mañana, la hermandad daba por finalizado el acto central del 75 aniversario fundacional. Ahora, la mente de los hermanos de la Paz está puesta ya en la futura coronación de la Virgen. / JAVIER MACÍAS