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martes, mayo 12, 2015

COFRADÍAS Y SIMBOLISMO: EL COLOR

 COFRADÍAS Y SIMBOLISMO: EL COLOR

Muy pocas son las cosas que la Iglesia deja a la improvisación en sus actos litúrgicos o paralitúrgicos. Siguiendo su ejemplo con fidelidad, también los cofrades consideramos esencial el estudiado cuidado de los detalles que rodean los actos de culto. Uno de esos detalles, en absoluto secundario, es el uso del color.

Existen cuatro colores litúrgicos principales: Verde, blanco, rojo y morado. Son también colores aceptados por la liturgia, aunque más infrecuentes, negro, rosa, azul y dorado. Cada uno de ellos tiene su día y su simbología específica.

El verde se usa en la liturgia para el tiempo ordinario. Es el color que habitualmente sintetiza la virtud de la Esperanza, y así lo vemos en el manto de la Reina morena de San Ándrés, y como una constante, en todo su guión, y hasta en las corbatas de su magnífica banda. Verde es también la bambalina de la esperada Esperanza del Valle, de la hermandad de la Cena, y verdes serán los capirotes de su tramo de nazarenos. Además, el verde se identifica con el renacer y la juventud, y por eso se asocia al apóstol Juan. Es también el color habitual en cofradías de la Vera Cruz, simbolizando el árbol de la vida.

El blanco se utiliza en la Iglesia para el tiempo pascual y navideño, así como para las fiestas de santos no martirizados. Como color eucarístico se emplea el Jueves Santo, y también en misas de sufragio por fallecimientos infantiles.

El blanco es el color comúnmente asociado a la paz, y por eso en la Virgen de la Paz y Esperanza predomina sobre cualquier otro color. Pero sobre todo, en la Iglesia, es símbolo de pureza. De limpieza. De santidad. Ya en el Apocalipsis (7, 2-4. 9-24) se cita este color para los ciento cuarenta y cuatro mil santos, indicando que visten así porque han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Es por ello que es frecuente encontrar túnicas blancas para imágenes del Señor, tanto en escenas de tribunal como nazarenos, representando esa pureza y santidad, hasta el punto que resultaría prolijo citar ejemplos. No obstante, en las túnicas de Cristo,  el color blanco alcanza un sentido especial en las representaciones de Jesús situadas cronológicamente entre su presentación a Herodes y su coronación de espinas. Adquiere aquí un sentido de burla, representando las mofas y ofensas recibidas por nuestro Salvador,  ya que, como indica el evangelista Lucas (23:11)  « Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato».  El blanco era el color usado para significar a los locos, y  Herodes buscaba la burla y el escarnio de Jesús tratándolo como tal. En la traslación realizada por San Jerónimo en su célebre Biblia Vulgata aparece más claro: «… et illusit indutum veste alba, et remisit ad Pilatum.». Por ello lo característico de las representaciones de esta escena es que Jesús suele vestir con ricas túnicas de este color. Así lo vemos en el sevillano misterio de San Juan de la Palma y en su homónimo cordobés del Cerro.

Cada madrugada, la bellísima catequesis del paso de palio de la hermandad de la Buena Muerte recuerda al observador que el rojo es por excelencia el color de los mártires. Por eso se usa en la liturgia para las fiestas dedicadas a ellos, además del Domingo de Ramos, Viernes Santo, Pentecostés, Exaltación de la Santa Cruz, fiestas del Espíritu Santo (por ello, también en ceremonias de confirmación) y fiestas de apóstoles. Es el color que representa el Amor de Dios por sus hijos, como roja era su sangre derramada por nuestra salvación. Por ello las cofradías de carácter sacramental suelen usar cera de este color en sus tramos de Cristo, aunque el color eucarístico es el blanco. Amor es caridad, y por ello el rojo simboliza también esta virtud teologal en la mayoría del orbe católico. De ahí el color de las túnicas de la hermandad del Buen Suceso, por la advocación de la hermosísima dolorosa. De ahí, también, el color predominante en la Real Hermandad del Señor de la Caridad.

El morado, en la liturgia, es el color penitencial por excelencia, hasta el punto de que es el usado precisamente al administrar el sacramento de la reconciliación o penitencia. Se usa en Adviento y en Cuaresma, además de en las exequias y responsos, en los que sustituyó al negro en su sentido fúnebre, y es un color íntimamente asociado a la semana santa y al movimiento cofrade, usándose con profusión en hábitos, túnicas, estandartes, palios, mantos y multitud de enseres.

Respecto a las túnicas de Cristo, existe la constancia evangélica de que, en la coronación de espinas, vistieron al Señor con una túnica púrpura (Juan 19,2 «Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura»). Pero el púrpura, que frecuentemente se interpreta como rojo, en sentido estricto, es morado. Un morado de amplio espectro que puede ir desde el rojo subido, el corinto o el vino tinto (burdeos) al violeta. En la Iglesia Católica tendemos a identificar el color púrpura con el rojo debido al color característico de los cardenales (purpurados), y nos referimos a ellos como revestidos de púrpura, aludiendo a su dignidad más que al color.  Es por ello que al colocarle a nuestros eccehomos una clámide roja buscamos una identificación plena con el momento representado, pero ésta sería igualmente válida y quizás más exacta si lo hiciéramos con una morada.

Por su carácter simbólico alusivo a la Pasión, el morado puede utilizarse en la túnica de casi cualquier imagen, pero muestra toda  su fuerza cuando se asocia a representaciones que situamos en los momentos citados. En el lapso de tiempo que medió entre la coronación de espinas y los instantes previos a la crucifixión. Es por ello  el color característico de las imágenes de Jesús Nazareno cargando con la Cruz.

El azul no era, en su origen, un color litúrgico, por lo que no aparece en el misal romano, llegando incluso a prohibirse en su día por la  Congregación de Ritos. Se empleaba para simbolizar la Inmaculada Concepción de la Virgen María. No obstante la Iglesia española, por su defensa del dogma inmaculista, obtuvo el privilegio de su uso para dicha festividad, privilegio que se extendió posteriormente a Hispanoamérica y a la totalidad de la orden franciscana. Es por tanto un color eminentemente mariano, y relacionado con la purísima concepción. También se usa el azul para simbolizar la eternidad, la Piedad (y por eso, el Martes Santo se contagia de ese color todo el cortejo salesiano), y en el caso particular de Sevilla por una razón tradicional, la virtud de la Caridad.

El rosa es también infrecuente, aunque es un color litúrgico. Se utiliza solo dos veces al año. Los domingos de Gaudete (tercero de Adviento) y Laetare (cuarto de Cuaresma). Simboliza alegría, por lo que no es infrecuente encontrarlo en sayas marianas, especialmente en advocaciones gloriosas, como la de María Auxiliadora.

El negro es la ausencia de color. Fue en tiempos el color litúrgico relacionado con el luto y el duelo. Por su sensación de vacío, aparentemente opuesta con el concepto de resurrección, está hoy en día desplazado de la liturgia ordinaria por el morado, si bien no puede hablarse con exactitud de color no litúrgico. Su uso es facultativo para exequias y misas de difuntos. No está, por tanto prohibido, aunque sí poco aconsejado. El movimiento cofrade es hoy un refugio del negro en la liturgia, pues lo empleamos en banderas, insignias, palios y túnicas, destacando el carácter fúnebre del cortejo.


De forma excepcional, la liturgia permite también el uso del dorado en sustitución del blanco para solemnizar grandes fiestas no luctuosas. Así, no es infrecuente encontrar el dorado en celebraciones de la resurrección, como símbolo de triunfo. Dorados son por ello, en ocasiones, si bien más frecuentemente de talla que de tela, los sudarios de algunos resucitados y las túnicas de numerosas imágenes del Corazón de Jesús. La originaria túnica persa que Juan Manuel Rodríguez Ojeda bordó para el Gran Poder tenía como soporte el tisú dorado, si bien al año siguiente a su estreno la cofradía decidió pasarla al terciopelo color corinto con que hoy la conocemos.