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miércoles, julio 22, 2015

OPINIÓN: LA SEMANA SANTA HA MUERTO

OPINIÓN: La Semana Santa ha muerto.

Espero que estéis contentos, porque lo habéis conseguido.

"Dios ha muerto", dijo un tal Fiedrich Nietzsche hace unos cuantos años ya. Y no le faltaba razón ni seguidores a este señor, uno de los mejores filósofos de la historia. La frase, lejos de ser una provocación, es la puerta a una nueva forma de ver el mundo. Nietzsche buscó que el ser humano se diera cuenta de que no necesitaba a Dios para vivir, de que no necesitaba la Fe para existir. Buscó acabar con la idea de Dios y con la verdad que promulgó la Iglesia y la mentalidad cristiana durante tantos siglos. Y lo consiguió. Bueno, lo consiguió... No exactamente.

¿Por qué no exactamente? Porque sí que es cierto que esa frase supone un antes y un después. Sí que es cierto que el concepto de Dios y de la Iglesia que hasta ese momento se conocían acaban por desplomarse. Pero la causa no es ese cambio de mentalidad, puede ser la mecha que originara todo (y también es debatible) pero no es la causa. Nietzsche no mató a Dios, a Dios lo mató la Iglesia. E igualmente, a sí misma se mató. Pues lo mismo ha pasado con la Semana Santa.

Se ven muchos comentarios estos días, semanas, meses... sobre la irrupción de partidos como Podemos y su repulsa a todo lo que tenga que ver con la Semana Santa. Hay una frase estrella sobre este tema que es la siguiente: "Podemos quiere acabar con la Semana Santa". No amigos, no. Podemos quiere acabar con la Semana Santa, claro que sí. Pero lo que no se da cuenta podemos es que a la Semana Santa ya nos hemos encargado de matarla nosotros. Perdón, nosotros no. Yo soy humilde, pero no soy un falso humilde. La Semana Santa os la habéis cargado vosotros. ¿A quién me refiero con "vosotros"? Yo os lo explico.

La Semana Santa os la habéis cargado las juntas de gobierno que liáis la que liáis por unas elecciones, las que se creen que la Hdad. es su cortijo, las que más que abrir las Hermandades la cierran a sus propios devotos. La Semana Santa os la habéis cargado los que, para celebrar un aniversario, proponéis cuatro salidas extraordinarias, los que  hacéis macroprocesiones por motivos que nada tienen que ver con lo que se celebra, los que de tanto sacar imágenes a la calle habéis cambiado el sentido de "extraordinario" a "ordinario".

La Semana Santa os la habéis cargado los que lleváis de bandera esa frase tan cateta (sí sí, cateta) de "si el Papa quiere ver a mi Cristo que venga el Papa a Triana. Si el Papa quiere ver a mi Virgen que venga el Papa a Sevilla". La Semana Santa os la habéis cargado los que le han quitado el sentido a las coronaciones canónicas. La Semana Santa os la habéis cargado los os pegáis guantazos (literalmente hablando) siendo hermanos de una misma Hermandad, los que os insultáis y mentís para hacer daño en un mismo colectivo. La Semana Santa os la habéis cargado los del papelón de pescao frito, los que miran para otro lado, los que no tienen narices de imponer orden a las Hermandades.

La Semana Santa os la habéis cargado los que habéis elegido echar fotos a rezar (por ese orden), los que molestáis a los devotos por la puñetera fotito, los que vais a los cultos para figuronear. Figuronear, qué palabra tan sevillana. Recordando a Antonio Burgos, podría decirse: ¿Que qué es figuronear? Que para salir en la foto te pongas igual delante que detrás. La Semana Santa os la habéis cargado los ¿medios de comunicación? que buscáis más el morbo que la información, los que buscáis más la audiencia que el periodismo, los que vais antes a por las visitas a la web que a por la necesidad informativa de verdad.

La Semana Santa os la habéis cargado los que os ponéis un costal sin tener devoción a lo que lleváis arriba, los que os ponéis un capirote pensando que solo es cartón, los que cogéis la corneta porque "aunque yo no creo en Dios me gusta mucho la música". La Semana Santa os la habéis cargado no los que usáis las sillitas, sino los que las usáis de forma equivocada. La Semana Santa os la habéis cargado los que tenéis siempre en la boca esa maldita frase que tanto daño ha hecho: "No hombre, pero si las cosas se han hecho así de toda la vida".

La Semana Santa os la habéis cargado los que no dejáis que una mujer se suba al atril del Maestranza, los que desecháis proyectos de una calidad artística brutal por otros más malos y caros, los que llamáis "marcha de Semana Santa" a ciertas piezas ¿musicales? que son para no levantarse. La Semana Santa se la ha cargado el compadreo. Un libro entero se podría sacar de este término.

Y encima, lo peor de todo es cuando usáis dos términos sagrados para mí con los que intentáis justificar todo lo que hacéis mal o de forma dudosa. La caridad y la fe. "No, es que lo importante es la fe". "No, pero es que las Hermandades hacen mucha labor de caridad". ¡Anda ya! A mí no me engañáis. Las Hermandades (la mayoría, no todas) hacen caridad porque si no no pueden pertenecer a la Iglesia, es una obligación, un "mira, que hago labores de caridad". No sale de dentro, es un deber más que una cosa voluntaria. Y la fe... "No, es que para mí en el Sagrario no hay nada, mi fe está en mi Cristo o mi Virgen (mi imagen de madera)". Pasan los siglos después de Trento y no sabemos aún diferenciar la verdad de la representación. Hemos cogido la bandera de la idolatría, la del espectáculo, la del amiguismo... Y hemos pisoteado la bandera de la Fe, que es la misma que la de Dios.

Os habéis cargado la Semana Santa. Os pensasteis que el enemigo eran los anticatólicos, los de Podemos e IU. Y no os distéis cuenta de que el enemigo erais vosotros mismos. Y lo fácil después de leer esto es mirar para otro lado, criticar al que os escribe, justificaros inútilmente. Eso es lo fácil. Lo difícil es aceptar el error y cambiar la forma de hacer las cosas. Pero no lo habéis hecho en 25 siglos, no lo vais a hacer ahora porque yo os escriba dos folios. Lo tengo claro y sé lo que me espera, no os preocupéis.

¿Hay solución? Mentiría si dijera que siempre he pensado que la hay. Hay momentos en los que he pensado que no la había, que de verdad os la habíais cargado y esto no tenía más vuelta de hoja. Pero, ¿sabéis que pasa? Que una mujer que vive cerca del Parlamento y un hombre que vive por San Lorenzo (no se me vienen ahora a la cabeza sus nombres) me hacen ver que igual sí que la hay. Confiaré en Ellos, confiaré en que Ellos (no las maderas que de carne le sirven, no. Sino Ellos de verdad) os hagan ver que, después del apaleo que me regalaréis, hay mucha verdad y muchas cosas que cambiar.

Y os digo una cosa, Fiedrich Nietzsche es un tipo que me cae fatal, por eso me fastidia tanto darle la razón. Como él diría, la Semana Santa ha muerto. Aunque aún tengo, amigos míos, la esperanza de que resucite.




José Antonio Montero Fernández.



He copiado integramente este artículo de José Antonio Montero Fernpandez, de la página Sevilla en Letras, del pasado 4 de julio, porque para mi punto de vista no tiene despedicio. Enhorabuena a José Antonio Montero Fernández.