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lunes, noviembre 28, 2016

EN LA CALLE DE LAS FLORES: "A PEDRADAS"

EN LA CALLE DE LAS FLORES

“A PEDRADAS”

Hay a quien le gusta la lluvia y aprovecha estas épocas del año para recordar a través del cristal con la lluvia. Echar la mirada atrás a veces puede ser tan nostálgico como peligroso, pero es lo que tiene ser medianamente sentimental.

Estos días, me han pasado muchas cosas por la cabeza, años debajo de pasos, sobre todo de una de mis hermandades y, en cómo está el patio. Por cierto, el patio de las flores que más me gusta visitar, está reluciente con tanta agüita para sus flores. No llueve nunca a gusto de todos, pero siempre un poquito de cada cosa viene bien a todos.

Recordando y recordando, me dio por pensar en aquellos años donde mi padre, ya fallecido, nos llevaba al pueblo. Aquellas campanas que como se solía decir “tocaban a muerto”. Estos días, tocarían así en la ciudad que nos alumbra, está muriendo poco a poco la lealtad y hasta la vergüenza.

Recuerdo cuando a pedradas casi nos sacábamos los ojos los niños de aquel pueblo, cuando los foráneos volvíamos en vacaciones y dotábamos de vida a aquel y todos los pueblos de España. ¡Qué tiempos aquellos! Claro que prefiero las pedradas en la cabeza, a la pelotera que se forma en mi salón cuando vienen algunos amigos de mi nieto y pones las “plaiestation” esas infernales.

Ya uno, no es que vea la hora en que las campanas toquen a muerto para él, ni mucho menos, pero se asusta al ver los detalles que tienen con los que fueron maestros de maestros, personas que en el desierto del desconocimiento de los ensayos de costaleros de la ciudad predicaron con, algo algunos, mucho otros, pero siempre con un respeto y una admiración por todos máxima. Supongo que en parte era nuestra forma de agradecer lo que estaban haciendo por nosotros, ya ni siquiera por la Semana Santa, pero que funcionar funcionaba, si seguías los consejos que nos iban dando, siempre se trabajaba mejor, y sobre todo, se tenía mejor postura, con lo que eso conllevaba.

Hoy en día todo a cambiado, los niños con catorce años y, en mi casa tengo a unos cuantos que pasan e incluso viven cercanos a esa edad, te ponen vídeos de ensayos, de procesiones que no sabía ni que existían, de lugares lo más curiosos incluso y, dan una cátedra impresionante sobre como ellos llaman, el mundo del costal. Bendita juventud, bendita ignorancia.

En mis años, nos abrazábamos de tal forma debajo de los pasos cuando venían las malas horas, que eso no lo llegarán a conocer estas hordas de costaleritos. Como tampoco llegarán a conocer todos los nombres de todos los que formábamos aquellas familias.

Hay un capataz que ahora ha cambiado el llamador del paso de mi Cristo por el de mi Virgen. Qué lástima. Con lo que ha aprendido él de su maestro, el de muchos, y no solamente no tiene miras a la hora de actuar, si no que se ha rodeado de un grupo de palmeros que le hacen levitar entre la ignorancia y el poco tacto.

Es triste, pero en realidad es lo que se vive a día de hoy. Días en que se sacan pasos para realizar operaciones kilo, las de toda la vida y, que incluso los costaleros no van solamente a portar dichos pasos, si no que son los primeros en aportar dichos alimentos, para algunos de tanta urgencia para sus casas y sus familias.

Esta persona de la que les hablo, como si fuera uno de aquellos chiquillos en que a pedradas intentaba echar a los foráneos del pueblo en la llegada del verano, desestima y no ve conveniente participar en este tipo de actos. Será que no quiere rodearse con el populacho y lo humano, es mejor vivir en la divinidad y la superioridad.

Y esta es la ciudad que estamos forjando poco a poco, yo en casa intento dar a la juventud candiles con luz que alumbre su futuro, pero hasta a mí con los míos se me hace difícil, ya no hablemos de los maestros, tan apreciados en el ayer y, que con tanta ingratitud se observa hoy como son tratados, por la sociedad, instituciones públicas, alumnos y padres a partes iguales.

Ojalá el granizo no me estropee las macetitas que tanto me alegran la vista durante todo el año. Ojalá las pedradas de la desvergüenza no acaben con el buen nombre de quienes tanto lucharon por lo nuestro. Siguen sonando a muerto las campanas en aquel pueblo. Hoy debería de tocar San Hipólito a muerto, pues poco a poco, se está dando una muy mala muerte a quien ahora sacará a su Cristo, pues al fin y al cabo, los hombres de antes ante todo, por encima de quien sea, siempre fueron de SU HERMANDAD.

Buena semana y esperemos que lluviosa en moderación y noticias cofrades, que ya comienzan con tanta fuerza como con tanto desatino en sus mensajes a veces.

Acisclo, un cofrade más.